Las máquina expendedoras o “vending” no son una buena alternativa para nuestra salud
Oier Ortiz de Zárate López
A través de diversos estudios como el de “La presencia de máquinas expendedoras en institutos de enseñanza secundaria obligatoria en Madrid” podemos constatar que estas máquinas de comida rápida están presentes en casi un tercio de los institutos donde es habitual encontrar, de media, más de una máquina por centro.
En estas máquinas podemos encontrar tanto bebidas azucaradas, zumos y agua como comida precocinada, bollería industrial, snacks, frutos secos, etc.; es decir, alimentos que únicamente hay que abrir y comer. En estos momentos no hay ninguna ley que regule este tipo de comidas y bebidas en España y lo más parecido es “la ley de 2011 sobre seguridad alimentaria y nutrición” que prohíbe la venta de bebidas y comidas con altos contenidos de ácidos grasos saturados, sal y azúcares, pero esta regulación dista mucho de lo que podríamos considerar lo ideal.
Juan Revenga, nutricionista y periodista colaborador del conocido blog “El Comidista” afirma que “la solución al problema sólo puede abordarse con mayor implicación de las autoridades públicas al igual que ocurre en países de nuestro entorno como Italia y Portugal”.
Este último, por ejemplo, es un país donde no están permitidas las máquinas de vending que ofrezcan productos que no cumplan unos mínimos criterios nutricionales. Esta medida afecta a todo tipo de centros públicos como centros de enseñanza, residencias de mayores, cárceles, hospitales, etc.
“La mejor alternativa es la educación y la implicación del consumidor”, Juan Revenga
“La mejor máquina de vending es la que está vacía o desenchufada”. Esta es una frase de Juan Revenga, que aparece publicada en un artículo en 2017. Juan afirma que la situación actual es, en parte, “aún peor que hace tres años”, ya que, como explica, “la industria del vending ha replanteado la imagen de sus productos sin haber mejorado los contenidos nutricionales”.
Los productos que ofrecen este tipo de máquinas son atractivos para una gran parte de la población que simplemente quiere satisfacer una sed o un apetito puntual sin reparar en los ingredientes del producto. Pero, como comenta Juan, "la mejor y más saludable alternativa es la educación y la implicación del consumidor".
“No hace falta estar todo el día comiendo; no estamos en un país donde las necesidades de
alimentación no estén aseguradas. Podemos pasar perfectamente seis hora sin probar un bocado y esperar a llegar a casa o encontrar fuera de esta cualquier otro producto saludable”.
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